Nighthawks


La violencia es el último refugio del incompetente.
-Isaac Asimov   

 

Noche 1

        Todo empezó aquella noche. Como todas las noches, llevaba a mi hijo desde el colegio a la casa de su madre. Estábamos separados hace años y habíamos quedado en que ella tenía a Martin lo días de semana y yo los sábados y domingos. Pero como ella no podía buscarlo de la escuela, yo aprovechaba para poder pasar con él los 40 minutos que tardábamos en llegar a lo de mi ex mujer. Nosotros vivíamos en un pueblo relativamente grande, en el cual el invierno, a pesar de no ser especialmente frío, tiene días muy cortos y noches muy largas. Cuando mi Martín salía del colegio ya era de noche. Siete años no es edad para que un nene ande solo por la oscuridad, a pesar de que en el pueblo no hubiera mucha inseguridad. Aparte el podría haberse perdido; aunque era inteligente y muy curioso, mi hijo era bastando distraído y muchas veces se quedaba colgado en su mundo. Justamente recuerdo que esa noche iba caminando callado, sin apartar la vista del cielo
– Está linda la noche, ¿no? – le pregunté.
Él reaccionó abruptamente y me miró, como si mis palabas lo hubieran sacado de un trance. Miró fugazmente las estrellas e indagó:
– Pa, ¿de dónde vienen las estrellas?
Con mis pocos conocimientos sobre el tema, empecé a intentar explicarle la teoría del Big Bang.
Al poco tiempo me interrumpió la visión de una mujer que no conocía (yo conocía más o menos a un cuarto del pueblo, así era común que hubiera desconocidos) Esta mujer me llamó la atención de una manera que me extrañó. La calle estaba poco iluminada, pero pude ver que no era particularmente linda ni particularmente joven. Sin embargo había algo de ella que me atraía enormemente. Nos cruzamos, pero ella ni me notó. Creo.
Mi hijo no la vio, o no pareció verla. Se interrogó el por qué de mi repentina interrupción, pero cuando retomé con la explicación estelar, se contentó sin hacer muchas preguntas.

Noche 2

        La noche siguiente, Martín me dijo que había disfrutado la charla educativa, y me preguntó si podíamos aprovechar la caminata para que le explicara de dónde nacen los bebés, porque la madre siempre le salía con la historia de la cigüeña y él ya no le creía. Yo siempre había pensado que cuando tuviera que explicarle la reproducción lo haría de la forma más cercana a la realidad posible, pero sin darme cuenta me encontré hablándole de cómo papá le ponía las semillitas en la panza a mamá, metáfora que me pareció demasiado gráfica y poco informativa. Parece que estaba distraído, supongo que esa mujer me había causado una gran impresión y creo que esperaba verla de nuevo. Mi deseo no tardó en cumplirse, y mientras le contaba al nene como una de las semillitas se desarrollaba y se convertía en un bebé, la mujer apareció de nuevo. Esta vez en una calle más iluminada, así que pude verla mejor.
En efecto, como había pensado antes, no era su belleza lo que me atrajo. Era algo más, algo más profundo. La mujer, cuyo nombre hasta el día de hoy desconozco, usaba un vestido negro, largo hasta las rodillas. Tenía el pelo marrón, la tez normal tirando a pálida y los ojos oscuros, con una mirada intensa. Mediría un metro sesenta y cinco, era flaca y caminaba con soltura y seguridad.
Esta vez sí se percato de mi existencia; cuando nos cruzamos me miró y me sonrió. Nunca voy a poder olvidar esa sonrisa. Fue en ese momento que me di cuenta de que algo andaba mal. Esa sonrisa me aterró como nada lo había hecho hasta ese momento. Esos dientes perfectos y malditos quedaron grabados en mi retina. De más está decir que sentí escalofríos y el corazón me subió hasta la garganta.
Mi hijo, en cambio, le devolvió la sonrisa como si no pasara nada, porque tal vez para él no pasaba nada, pero no para mí. Yo lo sentí.

Noche 3

Desde que la mujer se me cruzó por primera vez, no pude dormir; y se me empezaba a notar el insomnio. Cuando mi chico me dijo que la madre estaba teniendo problemas con unos árboles en su casa y que quería que el día siguiente llevara algo para cortarlos, a penas lo escuché. Mi mente estaba abstraída, pensando en ella, en cuando la vería, en que calles me la cruzaría. El invierno se empezaba a notar. Temblando, el nene me preguntó:
– ¿Por qué hay días que hace más frío que otros?
– Sí, hace frío – respondí.
Pensaba que verla me haría salir del estado en que me encontraba, pero cuando la vi quede más hipnotizado que antes. Estaba igual que el día anterior, mismo vestido, mismo peinado. Esta vez habló. Creo que me preguntó la hora. No sé si le respondí.
Al pasar al lado mío, mi brazo rozó el suyo. Era frío como el miedo. Esta vez mi hijo notó mi reacción y me preguntó si me sentía bien. Le dije que sí, no sé si me creyó.
Después de haberlo dejado en lo de su madre, pensé que como sabía que no iba a poder dormir, a lo mejor podía aprovechar la noche. Tenía que averiguar quién era esa mujer, y el único que seguramente sabía era Joe.
Joe era un gringo que había llegado a este pueblo como resultado de un viaje a dedo por el país. Se había enamorado de una chica y había decidido quedarse a vivir acá. Había abierto un mercado, y así empezó a conocer a todos los pueblerinos, porque tenía los mejores productos y todos compraban ahí. Cuando mi mujer me dejó, él fue quien más me cuidó y nos habíamos hecho amigos. Aunque ya no nos hablábamos tanto, seguía considerándolo uno de mis pocos amigos.
Me sorprendió que no se enojara cuando lo desperté en el medio de la noche preguntándole por la mujer del vestido negro; pero él era así, siempre amable. Y más me sorprendió que no supiera quién era esta mujer, a pesar de ubicarla de cara. Lo único que sabía era su dirección porque una vez ella había hecho una compra pesada y él la había ayudado a cargarla a su casa. No sé porque, pero saber su dirección me calmó. Incluso pude dormir un par de horas.

Noche 4

Esta vez iba un poco más tranquilo, porque no solo sabía su dirección sino que me había acordado de que Martín me había pedido que lleve algo para cortar árboles. Un hacha me pareció la herramienta indicada.  Me sentía más seguro. El que no estaba tan seguro era mi hijo, que supongo que algo había notado en mí, e iba callado sin hacer sus preguntas.
Sin embargo, toda esta ilusión de seguridad se rompió cuando ella volvió a aparecer, igual que siempre, imperturbable, eterna.
Sentí que éramos viejos conocidos y ni siquiera sabía su nombre. Ella caminaba hacia nosotros con determinación. Se acercó y se agachó mirando al chico, como si fuera a hablarle. Se puso entre él y yo, así que no veía que hacía, pero de repente escuche a mi nene gritar como nunca lo había escuchado antes. Había tanto miedo en su voz que cuando la mujer salió corriendo la perseguí, sin saber por qué ni que le había hecho a mi hijo, pero con un deseo imparable de vengarlo.
Ella no corría rápido y estaba por agarrarla, pero me tropecé y me doblé el tobillo. Con una ira que me explotaba, la vi huir, impotente. Rengueando, volví para ver que le había hecho a mi varón. El pobre estaba tirado en el piso, gimiendo. Tenía lágrimas en los ojos y sangre todo alrededor. Y ahí vi que le faltaba un trozo de brazo, como si alguien se lo hubiera mordido.

Noche 4 (bis)

        No me acuerdo bien que pasó entre que vi a mi hijo en ese estado y llegue a la casa de esta maldita mujer. Recuerdo solo fragmentos, como llamar a la ambulancia, dejar al nene tirado ahí cuando todavía no había llegado la ayuda para poder vengarlo cuanto antes y salir corriendo; con la adrenalina haciéndome ignorar el tobillo doblado y la furia haciéndome ignorar los gritos desesperados de mi hijo, que no quería que lo deje solo.
Lo que sí recuerdo perfectamente, es cuando llegué a su casa. Estaba transpirando odio, cegado por la ira y con el hacha en la mano. La puerta estaba medio trabada, pero cedió tras un par de empujones. Entré y vi a un hombre vestido únicamente con una remera sucia y un calzoncillo, con pelo y barba que no habían sido cortados por mucho tiempo y cara de no recordar cómo era la luz del sol. Llevaba un cuchillo grande en la mano, del mismo modo como yo agarraba mi hacha. El hombre aprovechó la puerta abierta y huyó despavorido, cerrando la puerta detrás de él. La puerta no abría y el cuarto tenía olor a encierro.
Me di vuelta y la vi, mirándome con esa sonrisa diabólica que me aterrará para siempre. En ese momento supe que ya nunca podría salir de esta habitación.

Anuncios

Los seres deambulan por el mundo, perdidos. No por qué no sepan adonde están, sino por qué no saben adónde van. Merodean sin rumbo, se chocan entre sí. No se disculpan, porque no se ven. ¿Por qué no se ven?
Insomnes, no se dan cuenta de que son todos iguales. Somos todos iguales. O tal vez si nos damos cuenta, y conscientemente buscamos ese choque. El roce nos hace sentir implicados, el tacto del otro nos hace darnos cuenta de uno.  Y la realización de uno nos hace pensar en el otro. El otro que también nos choca, porque también está solo. Y solo al estar, nos choca.

Analisis de Por la Ley, de Lev Kuleshov

            “La película clásica de Hollywood presenta individuos psicológicamente definidos que luchan por resolver un problema claramente indicado o para conseguir unos objetivos específicos. En el transcurso de esta lucha, el personaje entra en conflicto con otros o con circunstancias externas. La historia termina con una victoria decisiva o una derrota, la resolución del problema o la consecución o no consecución clara de los objetivos.” David Bordwell, “La narración en el cine de ficción”, p. 157.
Esta frase es interesante para analizar porque muestra las tres etapas de una película: Inicio, nudo y desenlace (“presenta”, “transcurso” y “termina”). Lo que haremos es analizar los rasgos que permiten diferenciar Por la ley, de Lev Kuleshov, de lo que Bordwell llama narración clásica al deconstruir las etapas, y veremos cómo, a medida que avanza, la película se aleja más y más de esta narración.
La película empieza como cualquier otra: se presenta el lugar, se deja intuir la época y se nos muestra a los personajes. Dennin parece ser el personaje principal, un hombre excéntrico pero feliz; Nelson es presentado como cínico o malhumorado, desconfía de Dennin desde el principio; y Edith aparece leyendo una biblia y mirando al cielo. “El medio causal principal es […] el personaje, un individuo diferenciado, dotado con una serie coherente de rasgos, cualidades y conductas evidentes.” p. 157. Los tres actores son conocidos, así que se podrían definir como el star-system.  Dennin se diferencia de los demás, es el que encuentra el oro.  Dennin se siente ignorado, la situación escala y termina matando a dos personas (una de ellas es herida, pero muere al poco tiempo).  Ahí se establece el conflicto, Nelson y Edith no pueden matar a Dennin porque estarían rompiendo la ley. En el inicio no hay mucho que se diferencie, siguiendo las palabras de Bordwell, más allá de que tal vez sea un poco más crudo de lo que se acostumbra. Las reacciones son siempre el efecto de una causa, siempre justificadas. La reacción de Dennin podría considerarse exagerada, pero se lo había establecido como un personaje raro, y él va progresivamente llegando al punto donde matarlos es la única opción que ve. Empezamos con una situación en estado pasivo (la desconfianza de Nelson es solo un indicio de lo que pasará luego) y una perturbación crea un conflicto.  No se muestra ningún género en particular, pero no es una necesidad del cine clásico. Pasamos a al nudo.
Acá es cuando la situación empieza alejarse de la narración clásica. Por la nieve, los tres personajes quedan atrapados en la cabaña. La película da un giro y se vuelve más intimista y claustrofóbica, directamente porque no le queda otra. Eso es lo que hace que se empiece a diferenciar de la narración clásica. El ritmo de la película se vuelve mucho más lento, y la cantidad de dialogo (intertítulos, mejor dicho) disminuye. “Más de un cineasta ha acentuado la necesidad de llevar adelante la construcción de la acción de la historia tan rápidamente que el público no tenga tiempo de reflexionar o aburrirse.” p. 166. Kuleshov rompe totalmente con esta idea. No detiene la acción, pero su progresión disminuye considerablemente. Si no fuera porque la referencia es totalmente acronologica, se podría decir que el argumento se empieza a semejar a una hangout movie (como Rio Bravo o Clerks), que también rompería con el canon clásico. Asimismo la puesta de escena se separa de lo clásico, principalmente por las actuaciones. Particularmente la de la mujer, pero las otras dos también, empiezan a estar exagerados. Es una sobreactuación llama particularmente la atención porque a pesar de ser excesiva, no saca de la diégesis, sino que hasta atrapa más. Al tener un ritmo tan lento, los momentos de exaltación exacerbada ayudan a que la película sea más digerible. Un elemento claro que muestra que los personajes no salen del relato clásico es la velocidad con la que se acostumbran a que la cabaña se tenga agua que los tobillos. En vez de accionar, ellos esperan a que el problema se solucione solo. “La definición de la acción como un intento de conseguir un objetivo son características sobresalientes del formato canónico.” p. 157.  Tampoco aparecería el protagonista rogando que lo maten. Finalmente, después de la escena más movida de esta secuencia (la del cumpleaños), la acción empieza a tomar cargo.
Después de ese momento feliz y tranquilo, Nelson se harta, y se queja. Edith tiene la idea de juzgarlo ellos mismos. Lo cual es curioso porque en parte rompe las reglas establecidas cuando Nelson quería matarlo y ella dijo “no podemos hacerlo sin la ley, es un hombre blanco”. Aunque es entendible que el cansancio y la nada los fue gastando, sigue siendo inesperado. Y al ser inesperado, rompe con lo que el espectador pensaba que iba a pasar. La hipótesis que hizo el espectador no se cumplió. “Es tarea de la narración clásica solicitar intensamente hipótesis probables y exclusivas, y luego confirmarlas” p. 166. El espectador está más perdido que lo habitual, pero a la vez está más interesado, porque la película pasó de la pasividad a la acción, y porque pasó de una etapa dramática a una farsa.  Nelson y Edith pasan a simular todas las etapas de un juicio, y el espectador, que ya estaba desorientado, no sabe si se cansaron y vendieron sus ideales o si se volvieron psicóticos y realmente piensan que el juicio es real. Y acá es donde entra la ideología de Kuleshov. Como era comunista, la farsa con la reina de fondo muestra que piensa del sistema occidental capitalista. Tanto la justicia como la religión están ridiculizadas. No hay que olvidar que Edith es inglesa, y es ella quien actúa de forma más extraña que los otros. Encima, otro título de la película es Dura Lex. La frase completa en latín es Dura lex sed lex y significa la ley es dura, pero es la ley. Con la frase a la mitad se dice que la ley es dura, pero al no decir nada más, uno puede entender que se la puede cambiar. Por último, el acecho de Dennin después de la muerte pone el punto final en la crítica al capitalismo, y propone un cambio inminente. Bordwell define que “El argumento consiste en una situación inalterada, la perturbación, la lucha y la eliminación de esa perturbación.” p. 157.
Podemos concluir entonces que, a pesar de empezar como una película de narración clásica, Por la Ley se diferencia de ella en cuanto a argumento, puesta en escena e ideología.

Obsolescencia programada

En el 2090, el laboratorio Tlomek crea un clon humano: un adulto de 30 años. Pero, por error, le dan la memoria de un hombre del 2010. Al notar el error, deciden deshacerse de él y lo tiran en el basurero de la ciudad y despiden al empleado que causó todo esto. Pero este clon despierta, pensando que realmente vivió durante el 2010, sin saber que su memoria fue implantada. No sabe cómo llegó allí; su única pista es un tatuaje en su brazo que dice “Tlomek”. Con cuidado, escapa la seguridad del basurero y es libre en una enorme ciudad que le es desconocida. Empieza a preguntarle a la gente en la calle si sabe que es Tlomek. La mayoría parece repugnada por el simple hecho de la interacción. Los pocos que le dirigen la palabra lo hacen lo hacen con disgusto. Y ninguno parece saber que es esa palabra. Con el tiempo la repetición lo empieza a desesperar. Le agarra hambre. En ningún lado se ve a gente comiendo. No hay restoranes, ni bares, ni quioscos. Le pregunta donde puede encontrar alimento o abrigo a una señora, quien lo ignora. Luego ve que esa señora está hablando con unos policías, señalándolo. Los policías empiezan a caminar en su dirección. Un hombre le agarra la mano y le dice que lo siga. El clon acepta. Entran por una puerta justo al lado de donde estaban. El hombre es quién había creado al clon, pero no lo dice. Este hombre le explica sobre la modernidad, el estado de la civilización. Le comenta que, por un tema de respetar la privacidad individual, la gente ya no tiene actividades al exterior, como comer o juntarse. El afuera es solo un medio para ir de un interior a otro interior. Y la policía no tiene derecho a ingresar a la propiedad privada, sin excepciones. Este hombre dice que se llama John. Y que sabe qué es Tlomek. Pero lo va a ayudar solo a cambio de un favor. Esa noche duermen juntos. Al día siguiente, John le cuenta la verdad, y, a pesar de que el clon no le cree del todo, se van al laboratorio. Pero está vacío, abandonado. Sin saber qué hacer, vuelven a la casa de Paul, donde tienen charlas filosóficas viendo como cambió el mundo desde el 2010. John le muestra una pistola del 2010 que tiene, como réplica, pero que todavía funciona. Y hablan de cómo cambió la violencia. El clon no acepta su identidad, y le confiesa que prefiere creer que estuvo congelado por 80 años o que viajo en el tiempo, porque si no, no sabría quién es; incluso a pesar de los errores de su vida que le pesan. John le dice que, sea quien sea, tiene la posibilidad de empezar de nuevo, de hacer las cosas bien. Al ver la reacción del clon, John no vuelve a mencionar al laboratorio. En cambio, empieza a educarlo para que pueda integrarse a la nueva sociedad.  Esa noche vuelven a dormir juntos. Todo el día siguiente se la pasan hablando, conociéndose. Hasta que, el clon termina enamorado de John. A la madrugada siguiente, el teléfono suena. El clon se despierta solo. Un desconocido le dice que sabe que estuvo averiguando sobre Tlomek, y que lo encuentre solo donde solía ser el laboratorio. Al principio el clon se niega, dice que está satisfecho con su vida como es. Pero la curiosidad le gana y se va, sin despertar a John. El hombre con quien se encuentra le dice que John tiene razón, que él es un clon. Y lo lleva al nuevo laboratorio, donde el clon ve varias replicas de sí mismo flotando en liquido amniótico. Asustado, el clon vuelve corriendo a la casa. En el laboratorio, el hombre habla resuelto. El clon encuentra a John en la casa y le dice que no tiene otra que creerle. Y agarra la pistola. Le explica que lo que lo definía como persona eran sus errores. Gracias a los errores, el había podido adaptarse, cambiar. Si ellos eran falsos, todo era falso. John trata de convencerlo que juntos crearon una nueva persona distinta, pero real. John le confiesa que está enamorado. El clon lo mira a los ojos, llorando y se pega un tiro.